En Cundinamarca, así rescataron a más de 300 perros de presunto maltrato animal
“Una historia de terror”
vivieron estos animales en palabras de Alba Lucía Donato, cuidadora canina, quien presenció el antes y después de la recuperación de más de 300 perros en el municipio de Carmen de Carupa, en Cundinamarca.
“Ahora las condiciones de ellos son excelentes”, recalca Donato mientras acaricia a ‘Ratón’ uno de los perros que fue rescatado por el Instituto de Protección y Bienestar Animal de Cundinamarca (IPYBAC) en una intervención que comenzó un año atrás.
Donato añade que los perros ahora están rehabilitados y socializados, libres de enfermedades, vacunados, esterilizados, le tienen confianza al humano, y físicamente están en buenas condiciones, por lo que están buscando un hogar que les brinde una segunda oportunidad.
“Quisiera tocar las fibras y el corazón de la gente para que los adopten. Ellos merecen una segunda oportunidad, vienen de mucho maltrato y necesitan que alguien les dé un hogar. Ya pasaron por muchas necesidades, por lo que los invito a que les den un hogar y un espacio en su casa para ellos”, pide Donato con nostalgia.
“Este sería el caso más grande de presunto maltrato animal en la historia de Colombia”, recalcó Margarita Ramírez, gerente general del IPYBAC, pues fueron más de 300 perros los que se encontraban en condiciones de desnutrición, deshidratados, con enfermedades gastrointestinales, dermatológicas, entre otras, debido a la mala tenencia de una fundación a la que pertenecían. Algunos, incluso, no aguantaron la batalla y murieron en el lugar y otros fueron víctimas de peleas entre ellos por un plato de comida o de agua.
Alba Donato, quien trabaja para el IPYBAC en la recuperación de estos animales, conoce bien la historia, pues antes fue una de las trabajadoras de esa fundación, pero las condiciones eran tan malas para los animales y los trabajadores que, tras siete meses sin sueldo, decidió irse a Chía y buscar ayuda para los perros.
Para esa época, que fue hace más de un año, las organizaciones y el IPYBAC estaban tras la pista de la fundación, pues antes de llegar a Carmen de Carupa, tenían una sede en Chía. Al recibir llamadas de la ciudadanía denunciando el caso de presunto maltrato animal, las entidades comenzaron a visitar el lugar para verificar las condiciones de los perros, e inclusive se puso a disposición toda la ayuda para esterilizar y hacer tratamientos de los caninos enfermos, pero la representante legal se alertó y cambió de sede, por lo que les perdieron el rastro. Por ello, dentro de poco se espera el fallo en primera instancia por presunto maltrato animal para la representante legal de la fundación.
“Lo que vivimos fue muy duro, tener que acostarnos días sin comer, verlos a ellos preguntando con su carita por la comida y no tener qué ofrecerles. Medicamente estaban mal, con enfermedades de piel y muy mal alimentados, no había atención veterinaria”, recuerda entre lágrimas Donato y puntualiza: “Ahora es gratificante lo que se ha hecho con ellos, ver el cambio y que ya no pelean entre ellos por hambre. Ya no tienen necesidades”.
Una vez Donato decide abandonar el lugar y pedir ayuda para los perros de la fundación (y gracias al coraje de una ciudadana que va hasta el lugar para verificar las condiciones de los perros y hacer la respectiva denuncia) el IPYBAC vuelve a tener noticias de ellos.
“Llevábamos dos años detrás de ellos porque tenían alertas por parte de la ciudadanía de un caso de presunto maltrato animal por mala tenencia”, recalcó Margarita Ramírez y agregó que hace un año, cuando llegaron a la vereda a comenzar la intervención, el panorama era muy desalentador. “Los animales tenían una afectación en sus condiciones de salud, tanto físicas como emocionales, no los podíamos contar porque estaban por todo lado, pero eran más de 300 y algunos habían muerto”, añade Ramírez por lo que decidieron junto a las fundaciones denominar la intervención como ‘Misión 300’.
En esta Misión participaron 17 fundaciones del departamento, la Policía, la alcaldía municipal de Carmen de Carupa y el IPYBAC para rehabilitar a los animales. En una primera instancia, cerca de 60 animales que se debatían entre la vida y la muerte fueron llevados a clínicas veterinarias para ser salvados. Y comenzaron con un plan de alimentación inmediato e intervenciones de salud.
Fue así, y tras varios operativos y jornadas veterinarias, que los animales comenzaron a ser rehabilitados. Ya ha pasado un año desde aquella primera intervención, algunos de ellos fueron acogidos por las fundaciones que han apoyado este proceso, principalmente la Fundación Mi Mejor Amigo. Otros perros, exactamente 161, aún continúan en el lugar a la espera de ser adoptados.












